Sábado, 18 de Noviembre del 2017

ACERCA DE LA UAG - Reseña Histórica

La huelga de octubre de 1933

En Jalisco chocaron abruptamente las dos tendencias en conflicto: la imposición de la educación socialista por el lado oficial y la autonomía y libertad de cátedra por la sociedad civil. Sobre todo a partir del 13 de noviembre de 1934 en que el Congreso local ratificó la iniciativa de reforma del artículo 3º. constitucional, adhiriéndose a las Cámaras federales, pues hacía más de un año que la gran mayoría universitaria se enfrentaba enérgicamente a esa posibilidad.

La crisis comenzó cuando el rector Enrique Díaz de León pretendió aplicar en la Universidad de Guadalajara las conclusiones del Congreso de Universitarios Mexicanos, ya referido, del que fue él protagonista al lado de Vicente Lombardo Toledano y que acordó implantar como obligatoria la educación marxista en todo el país, aunque la Constitución la establecía como laica.

El estudiantado y la sociedad civil de Guadalajara reaccionaron con inusitado vigor a las disposiciones y leyes que establecían la enseñanza marxista desde la primaria a la universidad, desde de que el rector Enrique Díaz de León copresidió con Vicente Lombardo Toledano el Congreso de Universitarios Mexicanos que abrió la contienda nacional sobre el tema, produciéndose el fenómeno de que fueron jóvenes alumnos los que encabezaron desde el principio la protesta. No hubo en Guadalajara ningún catedrático como Caso, Azuela, Gómez Morín, Chico Goerne o Brito Frouchier con voluntad para abrir la polémica de alto nivel, como ocurrió en la Universidad Nacional, pero sí hubo un estado mayor de jóvenes líderes guiados por Carlos Cuesta Gallardo y los hermanos Angel y Antonio Leaño Alvarez del Castillo que intentaron impedir la aplicación del artículo 3º. en la antigua Universidad de Guadalajara y al no lograrlo crearon la primera universidad realmente autónoma de México y del continente, la Universidad Autónoma de Guadalajara, principio a escala nacional de la educación superior privada que desde entonces acompaña a la pública en la formación académica de la juventud.

La dimensión de la batalla por la autonomía y la libertad de cátedra en Guadalajara la da el hecho, ya relatado, de haber sido el lugar que eligió Plutarco Elías Calles para declarar la supuesta pertenencia de las mentes infantiles y juveniles al Estado.

He aquí la secuencia de los sucesos más trascendentales:

Los estudiantes de la Universidad de Guadalajara, que habían seguido con gran interés el desarrollo del Congreso de Universitarios Mexicanos, en el que el rector Enrique Díaz de León pronunció el discurso oficial a nombre de las universidades del interior solidarizándose con la ponencia de Lombardo Toledano, hicieron que a su confesión marxista le costara el puesto, porque a su regreso ya se había constituido un Comité que le exigió la renuncia mientras que los directores de las escuelas pusieron sus puestos a disposición para reorganizar la universidad conforme a la nueva tendencia. Díaz de León no renunció, recrudeciéndose la rebelión de un estudiantado consciente de que la conducta del rector les afectaba profundamente en sus carreras y en sus vidas.

El diario El Informador escribió: "La universidad se ha declarado francamente comunista.... Todos los universitarios han abandonado las aulas a consecuencia de la agitación que se dice existe entre profesores y estudiantes como consecuencia de corroborar declaraciones que atribuyen al propio funcionario (el rector Díaz de León) definiendo su posición abiertamente roja...". El 23 de octubre los estudiantes antimarxistas declararon la huelga general y tomaron el edificio de la universidad.

Hasta este momento la universidad era sostenida y dependía directamente del Gobierno del Estado, quien designaba al Rector y Directores de Escuelas, causando esta injerencia su plena sujeción a los vaivenes de la política. El estudiantado no intervenía ni tenía participación en las decisiones universitarias. Por ello, al rebelarse, los estudiantes no sólo proclamaban la libertad de cátedra sino también exigían el cese de la intervención gubernamental que concedía los mejores cargos académicos a políticos desplazados de la administración pública o a profesores improvisados que nunca desempeñaban su cátedra con asiduidad ni eficiencia, mientras se eliminaba injustamente a los mejores y más prestigiados maestros.

Los estudiantes huelguistas estaban conscientes de que con su rebeldía no se enfrentaban solamente al rector y a sus incondicionales, sino directamente al gobernador Sebastián Allende con su capacidad de represión por medio de la policía y del ejército y de su control sobre los líderes espurios del estudiantado sometido a Díaz de León, lo que no les inhibió para extender la huelga a todas las escuelas y comenzar a organizar mítines en plazas y mercados para informar al pueblo las razones de su actitud y sus principales demandas: Libertad de cátedra en vez de enseñanza socialista obligatoria, participación en el Consejo Universitario para cogobernar la universidad, autonomía universitaria que eliminaba al gobierno de la administración de la universidad sin dejar de cubrir el presupuesto económico y la inmediata destitución de Enrique Díaz de León como rector, por sectario y corrupto.

Dos días después de iniciada la huelga, soldados del 34 Regimiento, al mando del general Manuel Limón, desalojaron de estudiantes la Universidad y enviaron a la cárcel a 42 jóvenes que con los detenidos anteriormente sumaron más de 200 en la Penitenciaría. Operación similar ocurrió luego en el edificio de la Preparatoria acrecentándose los golpeados y encarcelados.

El día veintiocho, con apenas cinco días de huelga, el Congreso emitió una ley, propuesta por el gobernador, que decretó la clausura de la Universidad que automáticamente dejó sin efecto la huelga, pero también la calidad de rector de Díaz de León.

Pero los estudiantes no querían su universidad cerrada, sino abierta y libre, por lo que quienes formaron el Comité de Huelga lo transformaron en Comité pro Reivindicación de Derechos Estudiantiles y presentaron al gobierno un pliego cuyas peticiones perfilaban una nueva universidad libre de injerencias políticas o religiosas, autonomía moral y política, nombramiento de profesores competentes, participación estudiantil en su gobierno y un amplio programa social para favorecer a los hijos de obreros y campesinos que se inscribieran, al tiempo que reorganizaban sus representaciones en todas las escuelas y promovían adhesiones de organizaciones universitarias del resto de la República que llegaron en gran cantidad.

En contraposición actuaba el Frente de Estudiantes Revolucionarios y un grupo de profesores encabezados por José Guadalupe Zuno, Ignacio Jacobo y Julio Acero que gestionaban la apertura de una Escuela de Jurisprudencia y promovían mayor represión y procesos judiciales para los estudiantes huelguistas.

Simultáneamente con las negociaciones continuaron los mítines de estudiantes y sociedad que los respaldaba para exigir la liberación de los aproximadamente 250 estudiantes detenidos el 25 y 26 de octubre. Sus padres y compañeros habían fracasado en las gestiones a nivel local y enviaron telegramas al presidente Abelardo Rodríguez, quien también fue exigido en ese sentido por la Confederación Nacional de Estudiantes y sectores de la Universidad Nacional de México, pero la Cámara de Diputados federal envió un voto de adhesión al gobernador Allende y declaró que el Congreso no estaba dispuesto a perder las universidades del país con otorgamientos de "autonomía" similares al concedido a la UNAM, por lo que continuaría adelante con su reforma del artículo 3º. constitucional.

Con 250 jóvenes rehenes en la Penitenciaría el gobierno aceptó la negociación de reapertura de la Universidad con la mediación de la Confederación Nacional de Estudiantes, alcanzándose acuerdos con apenas un asomo de las propuestas estudiantiles pero sin imponer la enseñanza socialista. El 27 de noviembre, firmado el acuerdo, se autorizó la libertad de los presos con gran júbilo de la población pero desencanto estudiantil por no haber alcanzado sus metas. Se anunció la apertura de la universidad para el 2 de enero de 1934.

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