Sábado, 18 de Noviembre del 2017

ACERCA DE LA UAG - Reseña Histórica

Motivos fundacionales:

La Universidad es, como todo acontecimiento humano, fruto de las circunstancias históricas en las cuales se verifica su aparición, lo que nos impele la necesidad de configurar una semblanza auténtica de la Universidad Autónoma de Guadalajara cuyos motivos fundacionales, como resultado de conflictos que trascendían los límites de la función educativa, no acaban de ser comprendidos en su verdadera naturaleza.

De ahí la idoneidad de este Foro sobre Historia de la Educación Superior en México para destinar la primera parte de este trabajo a esclarecer, con rigor documental y testimonios de protagonistas, cuán decisiva fue la contienda ocurrida entre 1933 y 1935 para fijar a la enseñanza de la niñez y la juventud un derrotero con identidad nacional en lugar de absorberla, como pretendió el gobierno, en la masificación de la lucha por la hegemonía mundial entre lo que por entonces se llamó, equivocadamente, Oriente y Occidente.

La naciente institucionalización de la Revolución Mexicana, al principio de los años treinta, se vio asistida muy de cerca por agentes de la Komintern, establecidos en los seis años de relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, que aunque ya entonces oficialmente suspendidas, habían sentado las bases para reencauzarla hacia el marxismo-leninismo, comenzando por sustituir la educación libre y laica establecida en la Constitución de 1917 por la educación socialista obligatoria.

El hecho de que los artículos 3º. y 24º. de la Constitución consagraran respectivamente la Educación Laica y la Libertad de Creencias, no impidió que a partir del gobierno de Alvaro Obregón y acentuadamente en los de Calles y el sucesivo maximato, se comenzara a pregonar la lucha de clases, la abolición de la propiedad privada y la educación socialista en ámbitos oficiales. José Vasconcelos se había empeñado, como Secretario de Educación y como Rector de la Universidad Nacional, en imprimir un sentido patriótico a la enseñanza y en crear una mística educadora al encuentro de la mexicanidad, secundado por los más distinguidos pensadores de la época, pero su maquinada derrota política en 1929 fue parte de la remoción de obstáculos al avance del pensamiento y praxis antinacionales.

En ese mismo año el presidente Emilio Portes Gil concedió la autonomía a la Universidad Nacional por presión de la Confederación Nacional de Estudiantes, pero distaba de ser completa porque con el subsidio para su sostenimiento económico prevalecieron diferentes formas de intromisión gubernamental como la presentación al Consejo Universitario de una terna para la elección del Rector. El primero de ellos después de la ley, Ignacio García Téllez, combatió a los estudiantes y profesores de tendencias autonómicas y no ocultó su posición de extrema izquierda.

Ya en 1932 y 1933 hubo reuniones de ámbito educativo nacional, como la Junta de Inspectores y Directores de Educación Federal, el Congreso Pedagógico, la Convención de la Confederación Mexicana de Maestros, la Convención Nacional Pro-Cárdenas, el Congreso de la Confederación de Partidos Socialistas de Veracruz, el X Congreso de la Confederación Nacional de Estudiantes y otros de carácter local, cuyas conclusiones establecieron que "se debía inculcar en los educandos el concepto materialista del mundo, que "en el paso grandioso de uno a otro sistema lograremos sistematizar, humanizar y socializar las fuerzas productoras", que "la comunidad ideológica del magisterio planea una campaña en el país a favor de la socialización de la enseñanza primaria y normal, mismas que deben ser consideradas como función exclusiva del Estado", que "El Estado debe hacerse cargo totalmente de los hijos de los obreros y los campesinos, tanto en lo económico como en lo educativo...", que "ha sonado la hora, jóvenes estudiantes, para una implantación integralmente socialista", como dijo concretamente García Téllez en representación de Lázaro Cárdenas.

Se llegó así al Primer Congreso de Universitarios Mexicanos, celebrado en la ciudad de México del 8 al 14 de septiembre de 1933 convocado con finalidades académicas y administrativas, pero que utilizó Vicente Lombardo Toledano, Director de la Escuela Nacional Preparatoria, para presentar y lograr aprobar una ponencia en cuyo meollo de conclusiones dice que "las Universidades y los institutos de tipo universitario de la nación mexicana contribuirán por medio de la orientación de sus cátedras y de los servicios de sus profesores y establecimientos de investigación, a la sustitución del régimen capitalista por un sistema que socialice los instrumentos y los medios de producción económica", es decir, hizo asumir el compromiso universitario para cambiar una economía de libre mercado, establecida por la Constitución, por una socialista que ya para esa época se había demostrado absolutamente fracasada en los primeros países en que se estableció. Para México, sin embargo, ese acuerdo fue apenas el primer clarinazo estridente de la dupla Calles-Cárdenas para anunciar la reorientación de la Revolución Mexicana hacia el comunismo marxista a partir del establecimiento obligatorio de la educación socialista.

Los universitarios opuestos a la absorción de las mentes por el totalitarismo replicaron en la persona del insigne maestro Antonio Caso, invitado de honor al Congreso, quien con toda la fuerza de su prestigio, personalidad y argumentos refutó los sofismas de Lombardo y defendió el principio de "libertad de cátedra" como esencial para la vida académica, el avance de las ciencias y la conducción nacional.

Los diarios nacionales dieron cuenta del evento en sus primeras planas del 15 de septiembre con cabezas como "Francamente socialista será la orientación de la Universidad Nacional" (El Nacional), "Ambiente para el marxismo en la Universidad" (Excélsior), mientras que El Universal en su editorial transcribía las palabras de Caso de que "La universidad no debe ser sectaria... la ponencia de Lombardo es abiertamente contraria al espíritu y letra del artículo 3º. de la Constitución".

Así pues, lo indispensable al plan soviético era la reforma del artículo constitucional consagrado a la Educación.

La polémica Lombardo-Caso se intensificó y repercutió por todo el país definiéndose los bandos entre partidarios de la "educación socialista" y seguidores de la "autonomía universitaria y libre cátedra". El 20 de septiembre apareció en El Universal un editorial firmado por Lombardo Toledano con el título "Bases para la reforma universitaria" que concluía diciendo: "¿Contribuirá la universidad mexicana a la formación de un nuevo hombre? si no lo hace querrá decir que está de acuerdo con el que existe: simulador de la virtud, servidor consciente o inconsciente del capitalismo".

Antonio Caso.

Lo que dos días después refutó Manuel Gómez Morín -futuro rector de la UNAM- en un escrito con el mismo título que decía: "... la pretendida reforma de Lombardo resulta no ya fundada, pero ni siquiera compatible con la obligación social peculiar que pertenece a la Universidad, pues si la reforma consiste en hacer que la enseñanza y la investigación universitarias se limiten al punto de vista marxista, o si como parece ser en el fondo la verdadera tendencia de esta reforma, pretende que la Universidad se convierta en un centro vivo de agitación política, quedarán abandonadas irremisiblemente la investigación y la enseñanza de todas las demás cosas que existen en el mundo de la cultura de antes, después, por encima y por abajo de Marx y del marxismo".

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